ASÍ ERA IR A TRIBUNALES HACE 50 AÑOS
Cuando los expedientes pesaban,
las máquinas de escribir sonaban y el abogado hacía de los Tribunales su
segunda oficina.
De la Editorial del Magazine del Derecho
Hay profesiones que cambian con
el tiempo. La abogacía es una de ellas.
Hoy resulta natural abrir una
computadora, ingresar al sistema judicial, consultar un expediente, descargar
una resolución y presentar un escrito sin abandonar el estudio. Pero hubo un
tiempo —no tan lejano— en que ejercer la profesión significaba pasar buena
parte del día dentro de los Tribunales.
Hace aproximadamente cincuenta
años, la Justicia argentina tenía otro ritmo. Más lento en algunos aspectos,
más personal en otros. El expediente era un objeto físico: tenía tapas, fojas,
firmas, sellos, cargos y, muchas veces, un volumen considerable.
EL EXPEDIENTE DE PAPEL
El expediente era el centro de la
actividad profesional.
Había que solicitarlo, esperarlo,
revisarlo y devolverlo. Una causa podía crecer hasta convertirse en una
verdadera carpeta de actuaciones que el abogado debía leer cuidadosamente,
muchas veces de pie o sentado en algún rincón de la dependencia judicial.
Cada foja tenía importancia.
Una providencia, una cédula, una
contestación de demanda o una pericia podían modificar el rumbo del proceso.
Por eso, revisar un expediente exigía tiempo, atención y paciencia.
No existía la posibilidad de
hacer una búsqueda electrónica para encontrar una palabra determinada. Para
localizar una actuación había que recorrer físicamente las fojas.
LA MESA DE ENTRADAS
La Mesa de Entradas era uno de
los lugares fundamentales de la vida tribunalicia.
Allí concurrían diariamente
abogados, procuradores y empleados para consultar expedientes, presentar
escritos, retirar actuaciones o conocer alguna novedad procesal.
La relación humana tenía un peso
considerable.
El empleado judicial conocía
muchas veces a los abogados que concurrían habitualmente al juzgado. El saludo,
la consulta y hasta una breve conversación formaban parte de aquella rutina.
No había correo electrónico que
permitiera preguntar desde el estudio.
Había que ir.
EL CASILLERO
Para las nuevas generaciones, el
casillero puede parecer una pieza de museo.
Durante décadas, la recepción y
consulta de determinadas notificaciones formó parte de la rutina profesional.
El abogado debía revisar periódicamente su casillero y estar atento a las
novedades de sus causas.
La diligencia profesional también
consistía en algo tan sencillo —y tan importante— como no dejar pasar el
tiempo.
LA MÁQUINA DE ESCRIBIR
Antes de las computadoras, los
escritos se redactaban a máquina.
Una equivocación podía obligar a
rehacer una página. No existía la posibilidad de borrar, copiar, pegar o
corregir instantáneamente.
La cinta, el papel carbónico, las
copias y las correcciones formaban parte de la tarea cotidiana.
Quien comenzaba a trabajar en una
máquina de escribir aprendía rápidamente que había errores que costaban mucho
más que una tecla.
EL SELLO Y EL CARGO
El papel tenía una importancia
que hoy cuesta imaginar.
La presentación de un escrito
implicaba controlar copias, firmas, sellos y constancias de recepción.
El cargo judicial tenía un valor
fundamental porque acreditaba cuándo se había presentado una determinada
actuación.
El tiempo procesal estaba
materializado en el papel.
EL PROCURADOR
La actividad del procurador tenía
entonces una importancia especial.
Era habitual que quien cumplía
esa función recorriera los Tribunales durante buena parte de la jornada:
consultaba expedientes, retiraba actuaciones, controlaba movimientos y
transmitía información al estudio.
El abogado podía permanecer
trabajando en su despacho mientras el procurador realizaba buena parte de esas
diligencias.
Tribunales era, literalmente, una
extensión del estudio jurídico.
LA BIBLIOTECA JURÍDICA
Tampoco existía Google.
Cuando un abogado necesitaba
investigar una cuestión jurídica debía recurrir a los libros, códigos
comentados, tratados, repertorios de jurisprudencia y revistas especializadas.
Las bibliotecas jurídicas eran
lugares de consulta permanente.
Encontrar un antecedente
jurisprudencial podía demandar horas.
Y leer una sentencia significaba
buscarla físicamente, copiar sus datos y analizarla.
El conocimiento jurídico exigía
paciencia.
LOS PASILLOS
Pero Tribunales no era solamente
expedientes.
También eran sus pasillos.
Allí se encontraban abogados
conocidos, colegas de otros fueros, funcionarios, empleados y estudiantes. Se
intercambiaban comentarios sobre causas, novedades legislativas y cuestiones
profesionales.
Muchas veces una consulta
jurídica comenzaba con una conversación informal.
La profesión tenía una dimensión
social que la tecnología fue reduciendo progresivamente.
LA ROPA TAMBIÉN HABLABA
El abogado que concurría a
Tribunales solía cuidar especialmente su presentación.
Traje, camisa y corbata formaban
parte de la imagen tradicional del profesional.
La vestimenta expresaba también
una determinada concepción del oficio: la presencia ante la Justicia requería
solemnidad y respeto.
Con el tiempo, las costumbres
fueron cambiando y la vestimenta tribunalicia se hizo más flexible.
UNA JORNADA DIFERENTE
Ir a Tribunales podía ocupar
varias horas.
Había que viajar, esperar,
consultar, presentar escritos, buscar expedientes, hablar con colegas y
regresar al estudio.
Una diligencia que hoy puede
resolverse en pocos minutos podía requerir una mañana completa.
La paciencia era una herramienta
profesional.
EL CAFÉ: UN ALTO EN EL CAMINO
Quizás una de las cosas que más extraña un abogado con más de quince años de profesión no sea el expediente de papel ni la vieja máquina de escribir, sino el café con los colegas.
Había un momento, en medio de aquella recorrida interminable por Tribunales, en que el abogado necesitaba detenerse.
No era todavía la hora de
almorzar.
Era simplemente la hora del café.
Después de recorrer una Mesa de
Entradas, consultar un expediente, presentar un escrito o esperar pacientemente
la aparición de algún funcionario, llegaba el momento de hacer un alto. A veces
era cruzando la calle hacia alguno de los cafés de la zona; otras, simplemente
encontrando un rincón dentro del propio Palacio de Tribunales donde sentarse
unos minutos, descansar y conversar con algún colega antes de retomar la
recorrida.
Un café. Una medialuna. Y los
colegas. La mesa del café se convertía entonces en una pequeña extensión del
estudio jurídico.
—¿Pasaste por Fiscalía? Tengo una denuncia que está ahí desde hace unos días.
—¿Cómo te fue con la audiencia?
—¿Viste la resolución que salió?
—Tengo una causa parecida.
—Después te paso el fallo.
Así transcurrían muchas mañanas.
No había “WhatsApp” para mandar
inmediatamente la resolución, ni correo electrónico para reenviar un escrito.
La información circulaba de otra manera: de abogado a abogado, de mesa en mesa,
de conversación en conversación.
El café también era un lugar para
descansar. Después de varias horas caminando por Tribunales, sentarse unos
minutos, apoyar la carpeta sobre la mesa y tomar un café permitía recuperar
fuerzas antes de continuar el recorrido.
Los cafés próximos al Palacio de
Justicia fueron durante décadas parte del paisaje cotidiano de la profesión.
Algunos se transformaron prácticamente en oficinas informales: allí se reunían
abogados, clientes y colegas, se intercambiaban opiniones y se aprovechaba ese
breve descanso para continuar trabajando.
EL CAFÉ DE LOS COLEGAS ERA
SAGRADO
Había algo particularmente
valioso en aquel encuentro. El abogado no estaba solo frente a un expediente. Tenía
alrededor a otros profesionales que atravesaban problemas parecidos, conocían
otros juzgados, habían tenido experiencias con determinados trámites y podían
aportar una opinión.
No necesariamente se trataba de
grandes reuniones.
A veces eran simplemente dos o
tres colegas alrededor de una mesa.
Pero ese pequeño intervalo podía
ser importante.
Porque el ejercicio de la
abogacía también se construía con conversación, experiencia y compañerismo.
UNA PAUSA ENTRE EXPEDIENTES
Después del café había que
volver. La carpeta bajo el brazo. El expediente pendiente. La audiencia. La
Mesa de Entradas. Otra escalera. Otro pasillo. Otra consulta. Y nuevamente el
movimiento.
Pero aquel café había permitido
hacer un alto.
Quizás por eso quienes conocieron
aquella época recuerdan no solamente los expedientes y los juzgados.
También recuerdan las mesas de
los cafés, las conversaciones entre colegas y ese breve momento en que el ritmo
de Tribunales parecía detenerse.
Hoy muchas de esas conversaciones
pueden ocurrir por teléfono o mediante un mensaje. Pero el café tenía algo
diferente. Había que estar allí. Sentarse. Mirarse a la cara. Conversar. Y
compartir, aunque fuera durante unos minutos, la vida cotidiana de una
profesión. Porque también se aprendía Derecho tomando un café.
¿ERA MEJOR O PEOR?
La respuesta no es sencilla.
La Justicia de aquella época
tenía dificultades que hoy pueden resultar evidentes: demoras, acumulación de
expedientes, traslados físicos, dificultades para acceder rápidamente a la
información y una enorme dependencia del papel.
La tecnología permitió agilizar
muchas tareas.
Pero también desaparecieron
algunas escenas que formaban parte de la identidad profesional.
El abogado ya no necesita
necesariamente caminar los pasillos para saber qué ocurrió en un expediente.
Puede conocerlo desde una
pantalla.
Y eso constituye un enorme
cambio.
UNA PROFESIÓN QUE CAMBIÓ SIN
DEJAR DE SER LA MISMA
La tecnología transformó
profundamente el ejercicio de la abogacía.
Cambió la forma de presentar
escritos, consultar expedientes, investigar jurisprudencia y comunicarse con
los tribunales.
Pero no modificó la esencia de la
profesión.
El abogado continúa teniendo que
estudiar, interpretar la ley, construir argumentos, defender derechos y asumir
la responsabilidad de representar los intereses de otra persona.
Antes se llegaba a Tribunales con
una carpeta llena de papeles.
Hoy, muchas veces, se llega con
una computadora.
Pero detrás de ambos existe la
misma tarea: buscar una respuesta para quien necesita Justicia.
Una mirada hacia atrás
Quizás quienes ejercieron la
profesión hace cincuenta años recuerden aquellos días con una mezcla de
nostalgia y alivio.
Nostalgia por los colegas, las
conversaciones, las bibliotecas y los encuentros en los pasillos.
Alivio por no tener que cargar
expedientes, esperar horas o rehacer una página completa por un error de
máquina.
La historia de la abogacía
también puede contarse a través de esos pequeños objetos y costumbres.
El expediente, la máquina de
escribir, el sello, el casillero, la biblioteca y los pasillos fueron parte de
una época.
Hoy muchos de ellos quedaron
atrás.
Pero forman parte de la memoria
de una profesión que, aunque cambió sus herramientas, continúa teniendo una
misma razón de ser: defender el Derecho y procurar Justicia.
GLOSARIO DE LA VIDA TRIBUNALICIA
Palabras, objetos y costumbres de los Tribunales de ayer
Así era ir a Tribunales hace 50 años: expedientes de papel, máquinas de escribir, mesas de entradas, casilleros, bibliotecas jurídicas y, entre una diligencia y otra, el tradicional café con los colegas.
TÉRMINOS JURÍDICOS
ABOGADO: Profesional del Derecho encargado de asesorar y representar jurídicamente a sus clientes.
AUDIENCIA: Acto procesal en el que las partes, sus abogados, testigos, peritos o funcionarios comparecen ante el órgano judicial.
CARGO: Constancia que acreditaba la fecha y hora en que un escrito había sido presentado ante el tribunal.
CÉDULA: Medio formal de notificación utilizado para comunicar resoluciones y otros actos procesales.
EXPEDIENTE: Conjunto ordenado de actuaciones, escritos, resoluciones, informes y demás documentos correspondientes a un proceso judicial.
FOJA: Cada una de las hojas que integraban el expediente judicial. La expresión “a fojas” permitía identificar el lugar concreto donde se encontraba una actuación.
JUZGADO: Órgano judicial encargado de intervenir y resolver las causas que se encontraban bajo su competencia.
MESA DE ENTRADAS: Lugar del juzgado donde se atendía a abogados y partes y donde se realizaban numerosas consultas y presentaciones.
PERITO: Especialista que aporta conocimientos técnicos o científicos necesarios para analizar determinadas cuestiones dentro de un proceso.
PROCURADOR: Profesional que intervenía en la representación y gestión procesal, realizando numerosas diligencias ante los tribunales.
PROVEÍDO: Resolución judicial mediante la cual el tribunal dispone una determinada medida o da curso a una petición dentro del expediente.
TRASLADO: Comunicación procesal mediante la cual se pone una presentación o cuestión en conocimiento de la otra parte para que pueda responder.
VISTA: Actuación mediante la cual se permite a una parte, funcionario u organismo tomar conocimiento de determinadas actuaciones y expedirse sobre ellas.
EL VOCABULARIO DE LA CALLE
CAFÉ DE TRIBUNALES: Lugar de encuentro y descanso para abogados y otros trabajadores de la Justicia. Era frecuente hacer allí un alto durante la recorrida de los juzgados.
HACER UN ALTO: Detener momentáneamente la actividad para descansar, tomar un café y conversar con colegas antes de continuar la jornada.
RECORRIDA DE TRIBUNALES: Expresión utilizada para describir el recorrido que realizaba el abogado o procurador por distintos juzgados, mesas de entradas y dependencias judiciales.
LA CARPETA BAJO EL BRAZO: Imagen característica del abogado de aquella época: documentación, escritos y expedientes transportados físicamente de un lugar a otro.
“VER EL EXPEDIENTE”: Consultar personalmente las actuaciones que integraban una causa.
“PASAR POR MESA DE ENTRADAS”: Acercarse al juzgado para realizar una consulta, presentar un escrito o verificar el estado de una causa.
“¿SALIÓ ALGO?”: Pregunta habitual entre colegas para conocer si se había producido alguna novedad en un expediente.
“DESPUÉS TE PASO EL FALLO”: Forma tradicional de compartir información jurídica antes de la circulación instantánea de documentos digitales.
OBJETOS DE AQUELLA ÉPOCA
MÁQUINA DE ESCRIBIR: Una de las herramientas esenciales del estudio jurídico tradicional. Un error podía obligar a rehacer una página.
PAPEL CARBÓNICO: Sistema utilizado para obtener copias de un escrito mientras se mecanografiaba el original.
SELLO: Elemento utilizado para dejar constancia formal de determinadas actuaciones y presentaciones.
CASILLERO: Espacio destinado a recibir comunicaciones y notificaciones dirigidas a los profesionales.
EXPEDIENTE COSIDO: Expediente cuyas hojas eran incorporadas y sujetadas físicamente para mantenerlas ordenadas.
BIBLIOTECA JURÍDICA: Fuente fundamental de consulta doctrinaria y jurisprudencial antes de las bases de datos digitales.
REPERTORIO DE JURISPRUDENCIA: Publicación que permitía localizar y consultar decisiones judiciales relevantes.
EL CAFÉ CON LOS COLEGAS
Entre un expediente y una audiencia, había tiempo para hacer un alto. Un café, una charla, una consulta y nuevamente a recorrer Tribunales.
PACIENCIA
Paciencia para esperar un expediente.
Paciencia para consultar una Mesa de Entradas.
Paciencia para buscar una sentencia.
Paciencia para corregir una página de máquina de escribir.
Paciencia para recorrer Tribunales.
Y, en medio de todo aquello, siempre podía aparecer un momento para sentarse con un colega, pedir un café y conversar.
Porque la vida tribunalicia de aquellos años no estaba hecha solamente de expedientes y resoluciones. También estaba hecha de personas.
Historia, Derecho y memoria de la profesión

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