lunes, 21 de septiembre de 2026

ASÍ ERA IR A TRIBUNALES HACE 50 AÑOS

 

ASÍ ERA IR A TRIBUNALES HACE 50 AÑOS

Cuando los expedientes pesaban, las máquinas de escribir sonaban y el abogado hacía de los Tribunales su segunda oficina.


De la Editorial del Magazine del Derecho

Hay profesiones que cambian con el tiempo. La abogacía es una de ellas.

Hoy resulta natural abrir una computadora, ingresar al sistema judicial, consultar un expediente, descargar una resolución y presentar un escrito sin abandonar el estudio. Pero hubo un tiempo —no tan lejano— en que ejercer la profesión significaba pasar buena parte del día dentro de los Tribunales.

Hace aproximadamente cincuenta años, la Justicia argentina tenía otro ritmo. Más lento en algunos aspectos, más personal en otros. El expediente era un objeto físico: tenía tapas, fojas, firmas, sellos, cargos y, muchas veces, un volumen considerable.

EL EXPEDIENTE DE PAPEL

El expediente era el centro de la actividad profesional.

Había que solicitarlo, esperarlo, revisarlo y devolverlo. Una causa podía crecer hasta convertirse en una verdadera carpeta de actuaciones que el abogado debía leer cuidadosamente, muchas veces de pie o sentado en algún rincón de la dependencia judicial.

Cada foja tenía importancia.

Una providencia, una cédula, una contestación de demanda o una pericia podían modificar el rumbo del proceso. Por eso, revisar un expediente exigía tiempo, atención y paciencia.

No existía la posibilidad de hacer una búsqueda electrónica para encontrar una palabra determinada. Para localizar una actuación había que recorrer físicamente las fojas.

LA MESA DE ENTRADAS

La Mesa de Entradas era uno de los lugares fundamentales de la vida tribunalicia.

Allí concurrían diariamente abogados, procuradores y empleados para consultar expedientes, presentar escritos, retirar actuaciones o conocer alguna novedad procesal.

La relación humana tenía un peso considerable.

El empleado judicial conocía muchas veces a los abogados que concurrían habitualmente al juzgado. El saludo, la consulta y hasta una breve conversación formaban parte de aquella rutina.

No había correo electrónico que permitiera preguntar desde el estudio.

Había que ir.

EL CASILLERO

Para las nuevas generaciones, el casillero puede parecer una pieza de museo.

Durante décadas, la recepción y consulta de determinadas notificaciones formó parte de la rutina profesional. El abogado debía revisar periódicamente su casillero y estar atento a las novedades de sus causas.

La diligencia profesional también consistía en algo tan sencillo —y tan importante— como no dejar pasar el tiempo.

LA MÁQUINA DE ESCRIBIR

Antes de las computadoras, los escritos se redactaban a máquina.

Una equivocación podía obligar a rehacer una página. No existía la posibilidad de borrar, copiar, pegar o corregir instantáneamente.

La cinta, el papel carbónico, las copias y las correcciones formaban parte de la tarea cotidiana.

Quien comenzaba a trabajar en una máquina de escribir aprendía rápidamente que había errores que costaban mucho más que una tecla.

EL SELLO Y EL CARGO

El papel tenía una importancia que hoy cuesta imaginar.

La presentación de un escrito implicaba controlar copias, firmas, sellos y constancias de recepción.

El cargo judicial tenía un valor fundamental porque acreditaba cuándo se había presentado una determinada actuación.

El tiempo procesal estaba materializado en el papel.

EL PROCURADOR

La actividad del procurador tenía entonces una importancia especial.

Era habitual que quien cumplía esa función recorriera los Tribunales durante buena parte de la jornada: consultaba expedientes, retiraba actuaciones, controlaba movimientos y transmitía información al estudio.

El abogado podía permanecer trabajando en su despacho mientras el procurador realizaba buena parte de esas diligencias.

Tribunales era, literalmente, una extensión del estudio jurídico.

LA BIBLIOTECA JURÍDICA

Tampoco existía Google.

Cuando un abogado necesitaba investigar una cuestión jurídica debía recurrir a los libros, códigos comentados, tratados, repertorios de jurisprudencia y revistas especializadas.

Las bibliotecas jurídicas eran lugares de consulta permanente.

Encontrar un antecedente jurisprudencial podía demandar horas.

Y leer una sentencia significaba buscarla físicamente, copiar sus datos y analizarla.

El conocimiento jurídico exigía paciencia.

LOS PASILLOS

Pero Tribunales no era solamente expedientes.

También eran sus pasillos.

Allí se encontraban abogados conocidos, colegas de otros fueros, funcionarios, empleados y estudiantes. Se intercambiaban comentarios sobre causas, novedades legislativas y cuestiones profesionales.

Muchas veces una consulta jurídica comenzaba con una conversación informal.

La profesión tenía una dimensión social que la tecnología fue reduciendo progresivamente.

LA ROPA TAMBIÉN HABLABA

El abogado que concurría a Tribunales solía cuidar especialmente su presentación.

Traje, camisa y corbata formaban parte de la imagen tradicional del profesional.

La vestimenta expresaba también una determinada concepción del oficio: la presencia ante la Justicia requería solemnidad y respeto.

Con el tiempo, las costumbres fueron cambiando y la vestimenta tribunalicia se hizo más flexible.

UNA JORNADA DIFERENTE

Ir a Tribunales podía ocupar varias horas.

Había que viajar, esperar, consultar, presentar escritos, buscar expedientes, hablar con colegas y regresar al estudio.

Una diligencia que hoy puede resolverse en pocos minutos podía requerir una mañana completa.

La paciencia era una herramienta profesional.

EL CAFÉ: UN ALTO EN EL CAMINO

Quizás una de las cosas que más extraña un abogado con más de quince años de profesión no sea el expediente de papel ni la vieja máquina de escribir, sino el café con los colegas. 

Había un momento, en medio de aquella recorrida interminable por Tribunales, en que el abogado necesitaba detenerse.

No era todavía la hora de almorzar.

Era simplemente la hora del café.

Después de recorrer una Mesa de Entradas, consultar un expediente, presentar un escrito o esperar pacientemente la aparición de algún funcionario, llegaba el momento de hacer un alto. A veces era cruzando la calle hacia alguno de los cafés de la zona; otras, simplemente encontrando un rincón dentro del propio Palacio de Tribunales donde sentarse unos minutos, descansar y conversar con algún colega antes de retomar la recorrida.

Un café. Una medialuna. Y los colegas. La mesa del café se convertía entonces en una pequeña extensión del estudio jurídico.

—¿Pasaste por Fiscalía? Tengo una denuncia que está ahí desde hace unos días.

—¿Cómo te fue con la audiencia?

—¿Viste la resolución que salió?

—Tengo una causa parecida.

—Después te paso el fallo.

Así transcurrían muchas mañanas.

No había “WhatsApp” para mandar inmediatamente la resolución, ni correo electrónico para reenviar un escrito. La información circulaba de otra manera: de abogado a abogado, de mesa en mesa, de conversación en conversación.

El café también era un lugar para descansar. Después de varias horas caminando por Tribunales, sentarse unos minutos, apoyar la carpeta sobre la mesa y tomar un café permitía recuperar fuerzas antes de continuar el recorrido.

Los cafés próximos al Palacio de Justicia fueron durante décadas parte del paisaje cotidiano de la profesión. Algunos se transformaron prácticamente en oficinas informales: allí se reunían abogados, clientes y colegas, se intercambiaban opiniones y se aprovechaba ese breve descanso para continuar trabajando.

EL CAFÉ DE LOS COLEGAS ERA SAGRADO

Había algo particularmente valioso en aquel encuentro. El abogado no estaba solo frente a un expediente. Tenía alrededor a otros profesionales que atravesaban problemas parecidos, conocían otros juzgados, habían tenido experiencias con determinados trámites y podían aportar una opinión.

No necesariamente se trataba de grandes reuniones.

A veces eran simplemente dos o tres colegas alrededor de una mesa.

Pero ese pequeño intervalo podía ser importante.

Porque el ejercicio de la abogacía también se construía con conversación, experiencia y compañerismo.

UNA PAUSA ENTRE EXPEDIENTES

Después del café había que volver. La carpeta bajo el brazo. El expediente pendiente. La audiencia. La Mesa de Entradas. Otra escalera. Otro pasillo. Otra consulta. Y nuevamente el movimiento.

Pero aquel café había permitido hacer un alto.

Quizás por eso quienes conocieron aquella época recuerdan no solamente los expedientes y los juzgados.

También recuerdan las mesas de los cafés, las conversaciones entre colegas y ese breve momento en que el ritmo de Tribunales parecía detenerse.

Hoy muchas de esas conversaciones pueden ocurrir por teléfono o mediante un mensaje. Pero el café tenía algo diferente. Había que estar allí. Sentarse. Mirarse a la cara. Conversar. Y compartir, aunque fuera durante unos minutos, la vida cotidiana de una profesión. Porque también se aprendía Derecho tomando un café.

¿ERA MEJOR O PEOR?

La respuesta no es sencilla.

La Justicia de aquella época tenía dificultades que hoy pueden resultar evidentes: demoras, acumulación de expedientes, traslados físicos, dificultades para acceder rápidamente a la información y una enorme dependencia del papel.

La tecnología permitió agilizar muchas tareas.

Pero también desaparecieron algunas escenas que formaban parte de la identidad profesional.

El abogado ya no necesita necesariamente caminar los pasillos para saber qué ocurrió en un expediente.

Puede conocerlo desde una pantalla.

Y eso constituye un enorme cambio.

UNA PROFESIÓN QUE CAMBIÓ SIN DEJAR DE SER LA MISMA

La tecnología transformó profundamente el ejercicio de la abogacía.

Cambió la forma de presentar escritos, consultar expedientes, investigar jurisprudencia y comunicarse con los tribunales.

Pero no modificó la esencia de la profesión.

El abogado continúa teniendo que estudiar, interpretar la ley, construir argumentos, defender derechos y asumir la responsabilidad de representar los intereses de otra persona.

Antes se llegaba a Tribunales con una carpeta llena de papeles.

Hoy, muchas veces, se llega con una computadora.

Pero detrás de ambos existe la misma tarea: buscar una respuesta para quien necesita Justicia.

Una mirada hacia atrás

Quizás quienes ejercieron la profesión hace cincuenta años recuerden aquellos días con una mezcla de nostalgia y alivio.

Nostalgia por los colegas, las conversaciones, las bibliotecas y los encuentros en los pasillos.

Alivio por no tener que cargar expedientes, esperar horas o rehacer una página completa por un error de máquina.

La historia de la abogacía también puede contarse a través de esos pequeños objetos y costumbres.

El expediente, la máquina de escribir, el sello, el casillero, la biblioteca y los pasillos fueron parte de una época.

Hoy muchos de ellos quedaron atrás.

Pero forman parte de la memoria de una profesión que, aunque cambió sus herramientas, continúa teniendo una misma razón de ser: defender el Derecho y procurar Justicia.

GLOSARIO DE LA VIDA TRIBUNALICIA

Palabras, objetos y costumbres de los Tribunales de ayer

Así era ir a Tribunales hace 50 años: expedientes de papel, máquinas de escribir, mesas de entradas, casilleros, bibliotecas jurídicas y, entre una diligencia y otra, el tradicional café con los colegas.

TÉRMINOS JURÍDICOS

ABOGADO: Profesional del Derecho encargado de asesorar y representar jurídicamente a sus clientes.

AUDIENCIA: Acto procesal en el que las partes, sus abogados, testigos, peritos o funcionarios comparecen ante el órgano judicial.

CARGO: Constancia que acreditaba la fecha y hora en que un escrito había sido presentado ante el tribunal.

CÉDULA: Medio formal de notificación utilizado para comunicar resoluciones y otros actos procesales.

EXPEDIENTE: Conjunto ordenado de actuaciones, escritos, resoluciones, informes y demás documentos correspondientes a un proceso judicial.

FOJA: Cada una de las hojas que integraban el expediente judicial. La expresión “a fojas” permitía identificar el lugar concreto donde se encontraba una actuación.

JUZGADO: Órgano judicial encargado de intervenir y resolver las causas que se encontraban bajo su competencia.

MESA DE ENTRADAS: Lugar del juzgado donde se atendía a abogados y partes y donde se realizaban numerosas consultas y presentaciones.

PERITO: Especialista que aporta conocimientos técnicos o científicos necesarios para analizar determinadas cuestiones dentro de un proceso.

PROCURADOR: Profesional que intervenía en la representación y gestión procesal, realizando numerosas diligencias ante los tribunales.

PROVEÍDO: Resolución judicial mediante la cual el tribunal dispone una determinada medida o da curso a una petición dentro del expediente.

TRASLADO: Comunicación procesal mediante la cual se pone una presentación o cuestión en conocimiento de la otra parte para que pueda responder.

VISTA: Actuación mediante la cual se permite a una parte, funcionario u organismo tomar conocimiento de determinadas actuaciones y expedirse sobre ellas.

EL VOCABULARIO DE LA CALLE

CAFÉ DE TRIBUNALES: Lugar de encuentro y descanso para abogados y otros trabajadores de la Justicia. Era frecuente hacer allí un alto durante la recorrida de los juzgados.

HACER UN ALTO: Detener momentáneamente la actividad para descansar, tomar un café y conversar con colegas antes de continuar la jornada.

RECORRIDA DE TRIBUNALES: Expresión utilizada para describir el recorrido que realizaba el abogado o procurador por distintos juzgados, mesas de entradas y dependencias judiciales.

LA CARPETA BAJO EL BRAZO: Imagen característica del abogado de aquella época: documentación, escritos y expedientes transportados físicamente de un lugar a otro.

“VER EL EXPEDIENTE”: Consultar personalmente las actuaciones que integraban una causa.

“PASAR POR MESA DE ENTRADAS”: Acercarse al juzgado para realizar una consulta, presentar un escrito o verificar el estado de una causa.

“¿SALIÓ ALGO?”: Pregunta habitual entre colegas para conocer si se había producido alguna novedad en un expediente.

“DESPUÉS TE PASO EL FALLO”: Forma tradicional de compartir información jurídica antes de la circulación instantánea de documentos digitales.

OBJETOS DE AQUELLA ÉPOCA

MÁQUINA DE ESCRIBIR: Una de las herramientas esenciales del estudio jurídico tradicional. Un error podía obligar a rehacer una página.

PAPEL CARBÓNICO: Sistema utilizado para obtener copias de un escrito mientras se mecanografiaba el original.

SELLO: Elemento utilizado para dejar constancia formal de determinadas actuaciones y presentaciones.

CASILLERO: Espacio destinado a recibir comunicaciones y notificaciones dirigidas a los profesionales.

EXPEDIENTE COSIDO: Expediente cuyas hojas eran incorporadas y sujetadas físicamente para mantenerlas ordenadas.

BIBLIOTECA JURÍDICA: Fuente fundamental de consulta doctrinaria y jurisprudencial antes de las bases de datos digitales.

REPERTORIO DE JURISPRUDENCIA: Publicación que permitía localizar y consultar decisiones judiciales relevantes.

EL CAFÉ CON LOS COLEGAS

Entre un expediente y una audiencia, había tiempo para hacer un alto. Un café, una charla, una consulta y nuevamente a recorrer Tribunales.

PACIENCIA

Paciencia para esperar un expediente.
Paciencia para consultar una Mesa de Entradas.
Paciencia para buscar una sentencia.
Paciencia para corregir una página de máquina de escribir.
Paciencia para recorrer Tribunales.

Y, en medio de todo aquello, siempre podía aparecer un momento para sentarse con un colega, pedir un café y conversar.

Porque la vida tribunalicia de aquellos años no estaba hecha solamente de expedientes y resoluciones. También estaba hecha de personas.

MAGAZINE DEL DERECHO
Historia, Derecho y memoria de la profesión

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